viernes, 2 de mayo de 2008

Un brindis por la pereza

Ella está en el horizonte
me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos,
camino 10 pasos
y ella se aleja 10 pasos mas allá.
Por mucho que yo camine,
nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopia?
Para eso sirve: para caminar.
Eduardo Galeano

Para Malevich "la maldición del trabajo arrojada por Dios sobre los hombres recibe en los sistemas socialistas la más alta bendición". El pintor ruso argumenta que este sistema "condenó todos los sistemas anteriores para que toda la humanidad siguiera un solo camino laborioso y que nadie quedase inactivo. He aquí por qué la ley más cruel de ese sistema humano estipula: 'Quien no trabaja no come', por eso se sintió obsesionado por el capitalismo, porque este engendra 'perezosos' y el dinero conduce desde luego a la pereza"*. Una tesis opuesta, en este punto, a la afirmación realizada por Paul Lafargue en su manifiesto El derecho a la pereza** donde el trabajo del asalariado constituye la peor de las esclavitudes. La sociedad burguesa, cuya "moral capitalista, lamentable parodia de la moral divina, ha excomulgado las pasiones humanas; su ideal es la transformación del obrero en una máquina de trabajo sin tregua ni merced". En definitiva, el que manda tiene derecho a la actividad autónoma y, por tanto, a gestionar su tiempo y su ocio. Y el sometido, que soy yo y tú y la mayoría, se regirá por las necesidades de sus empleadores, quienes racionan sus ingresos y su tiempo. Si no me fallan los cálculos, han pasado 119 años de la Segunda Internacional que dio origen a este Día Internacional de los Trabajadores. Y en las tres últimas décadas, los trabajadores han perdido de facto -y lo peor, casi de forma voluntaria- muchos de los logros alcanzados durante los siglos XIX y XX. Una pena.
En los últimos días, la prensa ha recogido conceptos como "absentismo mental", "jefe tóxico" o "empleado tóxico". Todos en referencia a la falta de productividad. Incluso, leía el otro día algo así como que no seríamos capaces de utilizar de forma provechosa nuestro tiempo si no tuviésemos que trabajar. Vamos, que sin trabajo no sabemos qué hacer ¡Venga ya! Si no tuviera facturas que pagar... No pongo en duda esta última afirmación, fruto de la educación constriñente que se empeña en concienciarnos de nuestro papel sufriente en este valle de lágrimas desde críos. Obligaciones que cumplir, sufrimientos que acatar y, sobre todo, nacer, crecer y morir alienados en nuestra pretendida libertad (que, por supuesto debe reducirse a nuestro tiempo libre). Hasta han conseguido que algunos se apasionen con su aparente elección laboral -claro, siempre elegida entre las posibilidades propuestas y admitidas socialmente, entre las que no caben no hacer nada o trabajar poco.
Un buen análisis de la realidad laboral actual la ofrece Corinne Maier en Buenos días, pereza, editado en España por Ediciones Península. Maier, ex-ejecutiva de éxito, dio una patada en el culo al sistema empresarial que la encumbró con este ensayo en 2004 y ahora vuelve a protagonizar la polémica con otro texto controvertido en el que aboga por renunciar a la maternidad (No kid es el motivo de la polémica).
Dichosos los pocos que hacen lo que quieren y pueden seguir viviendo en este mundo globalizado. Espero alcanzar su status alguna vez o morir con el empeño. Seguiré intentándolo.
¡Por la pereza!
*Kazimir Malevich, La pereza como verdad inalienable del hombre (1921), Maldoror ediciones, 2007.
**Paul Lafargue, El derecho a la pereza (1880), Longseller, 2003


antes en: ¡No me aguanto más!

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