21: BlackJack: 16:15 / 19:15 / 22:15
88 minutos: 16:15 / 19:15 / 22:15
Antes que el diablo sepa que has muerto: 16:15 / 19:15 / 22:15
El cierre masivo de salas en Madrid no es una noticia nueva. El Palacio de la Música se suma a la lista, es el octavo que se cierra en la Gran Vía en los últimos cuatro años. Y cualquier día cierran el Cine Doré y la Filmoteca empieza a programar en un Cinesa cualquiera de las afueras. Espero que no.
No sé por qué esta pena. En realidad no era uno de mis preferidos, frecuentaba más el Alphaville, los Renoir de Princesa y Plaza de España y , sobre todo, el Ideal. La cosa es que me gusta ir andando al cine siempre que puedo. Y tener uno relativamente cerca de donde vivo. La primera película "de mayores" que recuerdo ver en cine fue Tootsie, de Pollack -qué casualidad-, con mis tíos preferidos por aquellos años. Y claro, en una sala que ya no existe. Porque ya no quedan cines en los centros de las ciudades, sólo en los centros comerciales. Cada vez es más difícil dar un paseo y meterse en el cine sin premeditación, por impulso. O salir del cine y tomarse algo en el bar de al lado. ¡Fuera impulsos! Ir al cine es ir al centro comercial de turno, en coche. Y si no tienes o te da pereza, ale, a tostar pelis o comprarlas en el manta. Qué lástima.
Mis primeras sesiones "golfas" cayeron en el derribo del cine Santa Rosa en Córdoba (ahora en su lugar hay un Mercadona). Allí asistí a uno de los pocos pases de The Commitments, tanto me gustó que esperamos a que cerrara el cine para encaramarnos a la taquilla y robar el cartel. Hace unos 17 años y ese cartel se ha mudado conmigo una y otra vez, y aquí sigue. También en Córdoba, el céntrico cine Góngora ofreció justo antes de cerrarse para siempre el reestreno de la saga primigenia de Star Wars y hubo aplausos en la sala ante la enorme y ajada pantalla. Y el último desaparecido en la ciudad califal fue el Isabel la Católica, con una situación inmejorable y una espléndida escalera de acceso al cine que contrastaba con el cuchitril de la taquilla. En Sevilla aún hay algunos a los que ir paseando, insertados en la geografía de la ciudad. Y en Madrid, a pesar del trágico descenso del número de salas en el centro, también. Pero las opciones se reducen drástica y aceleradamente.
La historia es que tengo un montón de películas y de cines en mi memoria que poco a poco van desapareciendo. Como lo harán pronto los limpiabotas que guardan, hasta hoy, la puerta del Palacio de la Música. Y me resisto a pensar que un día no veré esa espectacular vidriera de la fachada del Ideal como ya no puedo tomarme un café en el bar del Alphaville (al menos éste no ha desaparecido, todavía).
antes en ¡No me aguanto más!
No sé por qué esta pena. En realidad no era uno de mis preferidos, frecuentaba más el Alphaville, los Renoir de Princesa y Plaza de España y , sobre todo, el Ideal. La cosa es que me gusta ir andando al cine siempre que puedo. Y tener uno relativamente cerca de donde vivo. La primera película "de mayores" que recuerdo ver en cine fue Tootsie, de Pollack -qué casualidad-, con mis tíos preferidos por aquellos años. Y claro, en una sala que ya no existe. Porque ya no quedan cines en los centros de las ciudades, sólo en los centros comerciales. Cada vez es más difícil dar un paseo y meterse en el cine sin premeditación, por impulso. O salir del cine y tomarse algo en el bar de al lado. ¡Fuera impulsos! Ir al cine es ir al centro comercial de turno, en coche. Y si no tienes o te da pereza, ale, a tostar pelis o comprarlas en el manta. Qué lástima.
Mis primeras sesiones "golfas" cayeron en el derribo del cine Santa Rosa en Córdoba (ahora en su lugar hay un Mercadona). Allí asistí a uno de los pocos pases de The Commitments, tanto me gustó que esperamos a que cerrara el cine para encaramarnos a la taquilla y robar el cartel. Hace unos 17 años y ese cartel se ha mudado conmigo una y otra vez, y aquí sigue. También en Córdoba, el céntrico cine Góngora ofreció justo antes de cerrarse para siempre el reestreno de la saga primigenia de Star Wars y hubo aplausos en la sala ante la enorme y ajada pantalla. Y el último desaparecido en la ciudad califal fue el Isabel la Católica, con una situación inmejorable y una espléndida escalera de acceso al cine que contrastaba con el cuchitril de la taquilla. En Sevilla aún hay algunos a los que ir paseando, insertados en la geografía de la ciudad. Y en Madrid, a pesar del trágico descenso del número de salas en el centro, también. Pero las opciones se reducen drástica y aceleradamente.
La historia es que tengo un montón de películas y de cines en mi memoria que poco a poco van desapareciendo. Como lo harán pronto los limpiabotas que guardan, hasta hoy, la puerta del Palacio de la Música. Y me resisto a pensar que un día no veré esa espectacular vidriera de la fachada del Ideal como ya no puedo tomarme un café en el bar del Alphaville (al menos éste no ha desaparecido, todavía).
antes en ¡No me aguanto más!

No hay comentarios:
Publicar un comentario