viernes, 6 de junio de 2008

De letras y cervezas

Un fin de semana, el pasado, entre mayo y junio, entre lluvioso y soleado, entre libros y cañas, da mucho de sí. Para recorrer y recordar paseos. Empezando por café, prensa y conversaciones contiguas. La ansiedad bien entendida me llevó a estanterías conocidas y a cargar desde temprano con la Narrativa completa de Vallejo y los Silogismos de la amargura de Cioran, deseando abrirlos hasta que, esperando a la sombra, pude por fin leer hasta sonreir:

Más que un error de fondo, la vida es una "falta de gusto" que ni la muerte, ni siquiera la poesía, logran corregir.

Lo mejor de mi mismo, este poco de luz que me aleja de todo, se lo debo a
mis raras conversaciones con algunos canallas amargos, canallas inconsolables que, víctimas del rigor de su cinismo, no podían dedicarse ya a ningún vicio.

Desconfiad de quienes vuelven la espalda al amor, a la ambición, a la
sociedad. Se vengarán de haber renunciado a ello.

Somos todos unos farsantes: sobrevivimos a nuestros problemas.

E. M. Cioran

Pero antes, no evité la tentación de toquetear, hojear -y comprar- Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos, de John Berger.

Luego, más ansiedad de la buena y compartida, mojada en cañas castúas y coronada por bombones de higo, con cine y filosofía de la facilita brotando en sincronía.

Y el parque y las casetas y libros frivolizados, libros-objeto, libros para tocar, admirar y oler. Los Territorios regalados de Cortazar, poesía de oferta para compartir a David González, Las formas de la pereza de Héctor Abad Faciolince, porque yo quiero un nombre así, y más poesía de regalo (Un poemario, de Teresa Soto).

Después, los libros en montaña, más cerveza, ensaladilla con extra de verdura y croquetas con poemas.

Cómo repartir tres libros entre dos
o cama compartida para leer y comentar a David González hasta que se cierran los ojos:

Manos
las manos
me decían mis padres antes de
sentarme
a la mesa a comer

lávate
bien

las manos

no alcanzaban
a
comprender
que los niños
las tenemos siempre
limpias

Empatía
Esta mañana
desperté
encogido de tristeza
temblando de pura pena

será que
me dormí
con la ventana abierta

de Algo que declarar. Poesía de no ficción

Al día siguiente más, inenarrable. Con el añadido de más encuentros añorados y más cañas, hasta el mejor el helado del mundo.Antiguas rutinas apiñadas en tres días abren la caja de las anécdotas comunes e impulsan la actualización de planes. Pero lo más placentero, lo mejor, es sentirse como en casa, en casa(s) ajena(s).

Merci

antes en: ¡No me aguanto más!

No hay comentarios: