Tengo un personaje que no sabe qué hacer. Mejor dicho: no puede hacer nada, al menos no mucho. Por eso anda por los subsuelos, con un periódico en la mano para ocultar hábilmente las maniobras de sustracción de las mejores colillas del cenicero del andén. Yo tampoco sé qué hacer con él. Me persigue y me abandona desde que nos intuimos esperando un Cercanías en Atocha, hará cinco años. Desde que decidí conocerlo y construirlo. Pero no soy capaz. Se muda conmigo, cambia de carpeta y de proyecto, vacila entre el amago de cuento y el decorado irrelevante de una incipiente historia que nunca empieza a escribirse.
La persona es aquel señor mayor, entre 65 y 75 años, que pululaba por los andenes un verano de 2003 con un gratuito en la mano y tras de mi. Entendí por qué me “marcaba” cuando al ver acercase mi tren, apagué el cigarro casi entero en el cenicero más cercano en el andén. Mientras subía al vagón, me sorprendió la agilidad del anciano para ocultar la zona humeante del recipiente y su mano derecha, grande y manchada por la edad, terminó de apagar limpiamente mi colilla antes de conducirla, convenientemente parapetada tras el diario, al bolsillo de la chaqueta.
El personaje, sin embargo, lleva una bolsita en ese bolsillo, porque yo lo sé y lo prefiero, donde almacena las colillas de la jornada, de esas con cierre zip para guardar los sándwiches. En su chaqueta conviven el papel de fumar que le roba a su nieto y las boquillas más limpias de las colillas recuperadas. Ya nada es suyo, todo es de otros y tiene que pedirlo, o cogerlo. Vive con su hija, su yerno y sus dos nietos adolescentes que lo tratan como a un infraser. A él, que vio reconstruirse este país, aquel que soñaba en su juventud en tertulias clandestinas. Su hija le riñe como a un hijo tonto, le impone las horas de llegar a casa, vigila su dieta, le prohíbe fumar, beber… y nada más porque ni siquiera le concede el beneficio de la potencia sexual. Ella, educada con mimo para romper las barreras de cristal, para ser autosuficiente, para elegir… y que se casó con un cretino al que ahora no aguanta, pero lo aguanta. Ella, intentando controlar la vida de su padre sin saber guiar la suya. Da igual que sea Ricardo, su más antiguo amigo vivo, pero muerto: alzehimer, quien no reconozca ya ni su imagen en el espejo. Da igual que estés enfermo o no, te tratan igual, será que inconscientemente esperan tu muerte y asumen la obligación moral de ejercer de cuidadores. Si su Teresita levantara la cabeza…
O es un hombre solo, nadie lo vigila y nadie lo espera. Él, que siempre presumió de independencia, sale ahora de su frágil piso de alquiler para ver la vida, las obras y los trenes, y mantiene el único vicio practicable que le queda -nunca bebió-, a base de sutiles préstamos ciudadanos, para no gastar su subsidio de anciano inservible. A veces tiene miedo de haber pasado de puntillas y por el pasillo de la vida, sin decidirse a entrar en una u otra habitación. Siempre en el portal o en el patio. Estancias cortas, fragmentarias. En otras ocasiones, se enorgullece de no haber cedido a las convenciones imperantes. Todavía duda, por eso continúa.
O ex profesor de Biología, que vive con uno de sus hijos para salvar su economía familiar con su pensión, en lugar de viajar como había planeado.
O ha sido estibador, profesor de baile, camarero y mecánico antes que cocinero. Y ahora repite cada día el mismo recorrido que hacía a diario antes de jubilarse, de casa al restaurante y de vuelta sin trabajar. Por el camino, un pitillo reconstruido.
O un anciano razonablemente feliz, aunque la pensión haya mermado su poder adquisitivo, satisfecho con su vida y esperando sin prisa la muerte. Con tantos deseos cumplidos como cosas por hacer, con ilusión pero sin miedo a desaparecer, que simplemente ha eliminado gastos superfluos para adaptarse a la jubilación. No. Este no es mío.
En cualquier caso, no sé cómo seguir ni dónde encajarlo. Quizás no importa su vida anterior, sólo que ahora camina por los andenes haciendo acopio de colillas mal apuradas de 9 a 2.
Lo mío son los intangibles, los proyectos, lo potencial, lo inasible y lo inacabado.