Las estaciones son punto de encuentro y despedida, llegada y partida, marcan el inicio de cambios ligeros o brutales. Con frecuencia, los andenes dan paso a nuevas experiencias, duraderas o breves. Me gustan las estaciones y los cambios.Ante esas preguntas absurdas, formuladas para cuestionarios de revista o aligerar conversaciones poco fluidas, del tipo "¿cuál es tu estación favorita?" (y sus variantes directas e indirectas), me gusta contestar que Atocha, pero suelo ceñirme al contexto y elegir el otoño.
Por la lluvia intercalada, la pereza de las mañanas oscuras, las tardes cortas, el frío que no llega a ser frío, las mangas largas, "el cuchareo", el hueco del sofá y su manta… que invitan a quedarse en casa. Porque los aperitivos soleados vuelven a ser agradables. Cambian los sabores, los olores, los colores y los paisajes. Hasta la cartelera parece mejorar. Será, además, que estoy de buen humor.
El gris predominante no parece contagioso. Esta tarde, al mirar por la ventana me acordé de los versos de Vallejo:
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño
Y pienso que aún no ubico mi muerte, tal vez un día de otoño, quizás, como hoy, con aguacero, pero no un miércoles, no este al menos. Insisto, el otoño me sienta bien.

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