miércoles, 14 de mayo de 2008

Sólo para adultos

Para Franz,
del escarabajo que un día
despertó convertido en niño

Jordi Sierra i Fabra, dedicatoria de Kafka y la muñeca viajera

Al hilo de la capacidad del Barón de Münchhausen para sacarse del fango tirando de su propia coleta (eso es autonomía e independencia) y teniendo en cuenta que sólo esa anécdota constituye la gran metáfora de toda su historia: el hecho de contar sus increíbles aventuras lo convierte en un personaje inmortal, podemos dejar a un lado barrizales y realidades varias (enfangadas especialmente estos días en otros continentes) para destrenzar la cuerda que nos salva o que elegimos para colgarnos. Asidero habitual es la literatura, al menos en mi caso, desde la infancia. Quizás por eso vuelvo una y otra vez sobre lecturas infantiles y juveniles.

Me acaban de regalar el premio nacional de literatura infantil y juvenil de 2007, Kafka y la muñeca viajera de Jordi Sierra i Fabra. La obra se basa en una noticia publicada hace tres años que descubría un episodio tan sorprendente como desconocido del autor de El Proceso y La Metamorfosis. Kafka se convirtió en el cartero de la muñeca perdida de una niña que conoció desconsolada en un parque. El llanto de los niños y sus motivaciones, más allá de las clásicas pataletas, es de una lucidez asombrosa. Una niña de apenas dos años puede entristecerse hasta las lágrimas al descubrir que los árboles pierden sus hojas en otoño, "póbrecito árbol". Seguramente nunca recordará ese momento, pero para los adultos que responden "sin tacto" a la pregunta ¿por qué hay tantas hojas en el suelo? que la ven intentar devolverlas a sus dueños y que presencian su desolación al conocer la respuesta, resulta un momento inolvidable. La edición de Siruela es una maravilla, con ilustraciones de Pep Montserrat que engrandecen aún más la recreación de Sierra i Fabra. Recomendada para lectores a partir de los 8 años, la obra es una joya literaria que, en mi opinión, los niños deberían conocer en diferido. Pretendo entretener con esta historia a sobrinas putativas y cuantos infantes se pongan en mi camino, ciñéndome a la historia del cartero de muñecas y obviando la manipulación de la realidad que el susodicho cartero lleva a cabo al suplantar la identidad de la remitente. Dejaré eso para oyentes más curtidos como adolescentes y adultos. Porque la maravilla de la historia es la historia misma, el pacto de ficción que el lector establece con la narración literaria, como el que establecen los niños con sus juguetes que convierte en realidad los juegos infantiles. Porque los niños juegan y viven a partes iguales, o mejor, son los que mejor comprenden el juego de la vida.

Abordar una lectura pretendidamente infantil desde el pedestal de la madurez puede resultar una experiencia sobrecogedora e imprescindible. Revisen, si tienen interés o un niño al que criar, los Cuentos en verso para niños perversos de Roald Dahl, un ejercicio poético-humorístico en el que las historias no tienen por qué mantenerse inamovibles. Regalen(se) El Animalario Universal del Profesor Revillod. Relean y recreen Peter Pan o Alicia en el País de las maravillas, atrévanse a cambiar finales, personajes o situaciones. Y conviértase en aristócrata de Münchhausen o en pirata de Nunca Jamás. Déjese el pelo largo o luzca sin complejo su calvicie, pero tire de vez en cuando de su coleta.

antes en: ¡No me aguanto más!

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