viernes, 21 de marzo de 2008

Mi visionario medieval favorito

Desde que lo vi por primera vez en un libro de texto, El Jardín de las Delicias de El Bosco (1450-1516) me fascina. Hace un par de años el Prado exponía una muestra de las influencias clásicas de Picasso. La exposición se dividía entre el Prado y el MNCARS para ilustrar las relaciones pictóricas entre el malagueño y otros maestros. Acudimos, mi Heraclio y yo, con el desparpajo que otorga el desayuno callejero de las mañanas desocupadas, a alegrar nuestros ojillos y enriquecer nuestros espíritus. El entusiasmo que suele provocarnos la belleza roza, a veces, la impertinencia -qué le vamos a hacer. Una vez recorrida, criticada, comentada y frivolizada la exposición sobre Picasso*, atravesamos sin rumbo varias salas del Museo, más tranquilas por cierto que las ocupadas por la muestra temporal. Escultura clásica, Renacimiento italiano, los flamencos... y, casi por casualidad, dimos con lo que buscábamos. Allí, siempre más pequeño que en tu mente, reafirmas tu fe en la experiencia estética como algo físico, lo que hace que pierdas la noción del tiempo frente al cuadro.

Siempre me he preguntado cómo un hombre, aún en la oscura y rural Edad Media europea, fue capaz de imaginar y reproducir esas figuras y colores. Ya sé que cronológicamente habría que incluirlo en la Edad Moderna y que historiadores del arte o aficionados podrían darme otros ejemplos, pero este me parece el más sublime. Y no puedo evitar pensar que fue especial, que su cabeza no funcionaba como la mayoría. Pues, si la imaginación se nutre de las referencias del mundo que obtenemos a través de los sentidos, el cerebro de este hombre debía generar algún tipo de sustancia lisérgica o consumir un primitivo LSD para recrear la humanidad de esta forma, alrededor de 1510!

Esta mente privilegiada llenó tres tablas de criaturas que nada tienen que envidiar a la remasterizada Star Wars y sin esperar como George Lucas a que la técnica le permitiera sus creaciones. El Jardín evoca un mundo en el que la lujuria y los placeres ocupan el espacio principal, física y simbólicamente hablando. A ambos lados, el paraiso y el infierno. La variedad de artilugios y las expresiones de los personajes, tan realistas y surrealistas al mismo tiempo, se adelanta en más de tres siglos a los primeros intentos de evocación que llevaron a cabo las vanguardias.Y la imagen que encierra la vida, el tríptico cerrado, es así:

*me estoy dando cuenta de que Picasso supone para mi, las últimas veces que me he asomado a su obra de forma premeditada, un trasunto de otras imágenes que acaban acaparando el protagonismo de la jornada en mi memoria.

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