Oscar Wilde
Un día como este te hace dudar de tu ruptura con la tradición docente familiar. Desde por la mañana es Domingo de Ramos. Personajes de todas las edades luciendo sus mejores galas y blandiendo inutilmente una ramita de olivo. Más que previsible. Lamentablemente hay que salir de casa, compromisos y otros menesteres te obligan a enfrentarte con la realidad y con los que mañana están de vacaciones. Y la envidia te corroe cada vez que repasas la lista de tareas pendientes para estos tres días en los que tendrás que terminar el trabajo de cinco. Bonita perspectiva. Pero me pasa, en las últimas semanas con demasiada frecuencia, que la vida se empeña en aligerarme las derrotas. Siento el tono pedante, pero no me sé explicar mejor. Por ejemplo, sales a dar una vuelta con el hastío de la ciudad reconocible en el gesto y, entre maldiciones y requiebros autocompasivos, te sorprendes sonriendo al olisquear el azahar a comienzos de febrero. Privilegios sureños. Todas mis quejas tienen, últimamente, un "pero". Hoy, que el aroma floral ya no es perceptible por su cotidianeidad, me disponía a dejar pasar el día sin mayor objetivo que ir a lavar el coche. Y precisamente en el coche, ya aparentemente limpio, he vuelto a escuchar una canción que hace unos diez días casi me hace salirme en una curva al subir el volumen de mi maltrecha "autoradio": dos carnes paralelas, del disco Trabajito de chinos de La Shica que en este tema cuenta con la colaboración de Miguel Poveda. No es la música que más frecuento pero últimamente, en mi afán reconciliador con mis realidades, tampoco la que menos. En fin, que he redescubierto el descubrimiento (se puede escuchar desde la página de la shica).
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El tema daba inicio a Duendeando, "un programa de flamencos y pelícanos", de Radio3. Y mientras intentaba recordar con más o menos precisión la cita de Oscar Wilde sobre el poder evocativo de la música, me han partido en dos (literal y emocionalmente hablando) las primeras frases de otro quejío flamenco ¡en inglés! La buena costumbre de Teo Sánchez de presentar los temas a posteriori me ha impedido salir del coche hasta saber quiénes eran los responsables de tamaña proeza. Y ¡sorpresa! (ya digo que mi afición al flamenco dista mucho de convertirse en conocimiento): a la guitarra Raimundo Amador y la voz es de... Björk!
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El tema daba inicio a Duendeando, "un programa de flamencos y pelícanos", de Radio3. Y mientras intentaba recordar con más o menos precisión la cita de Oscar Wilde sobre el poder evocativo de la música, me han partido en dos (literal y emocionalmente hablando) las primeras frases de otro quejío flamenco ¡en inglés! La buena costumbre de Teo Sánchez de presentar los temas a posteriori me ha impedido salir del coche hasta saber quiénes eran los responsables de tamaña proeza. Y ¡sorpresa! (ya digo que mi afición al flamenco dista mucho de convertirse en conocimiento): a la guitarra Raimundo Amador y la voz es de... Björk!
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Y a todo esto, a pesar de tener en perspectiva un lunes más infernal que santo, la tarde ha terminado en el nuevo rinconcito que me he acondicionado en el balcón, porrito en mano, alternando el chafardeo internaútico con la Poesía completa de Kapuscinski editada por Bartleby y escuchando el Physical Graffiti de Led Zeppelin y el Back to the roots de John Mayall. No está mal.
antes en ¡No me aguanto más!

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