El 1 de abril de 1939 terminó una guerra y se perdió un país. 40 años de sumisión, se dice pronto, más los treintaytantos que nos está costando la recuperación. Aún se "celebran" los hitos dictatoriales y a sus líderes. Pocos quieren hacer algo por la memoria de los vencidos, vejados, expulsados y marginados, ni por la de sus muertos. La democracia se ha asentado sobre el olvido de las víctimas y la indolencia, placas tectónicas que de no restañarse seguirán removiendo los cimientos "del bienestar".
Hoy se conmemora la derrota de la Libertad. La Constitución de la República Española (1931), vigente hasta la rebelión franquista en el 36, es un reflejo de la España que se perdió, al menos de lo que quería ser:
TÍTULO PRELIMINAR43 años después, entró en vigor la Constitución Española de 1978. Hoy se merece un repaso.
Disposiciones generales
Artículo primero.
España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.
(...)
Artículo 2º.
Todos los españoles son iguales ante la ley.
Artículo 3º.
El Estado español no tiene religión oficial.
Artículo 4º.
El castellano es el idioma oficial de la República.
(...)
Artículo 5º.
La capitalidad de la República se fija en Madrid.
Artículo 6º.
España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
Artículo 7º.
El Estado español acatará las normas universales del Derecho internacional, incorporándolas a su derecho positivo.

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