En El País del jueves, Enric González hablaba de las miserias del periodismo, “miserias legítimas, inevitables”. Justificaba el trabajo periodístico de la trágica jornada anterior, y de tantas otras en las que la profesión se enfunda el traje de buitre, con el argumento de “No culpen al periodista. Hace su trabajo (…)”. La columna aparecía en la página 65, correspondiente a la sección Vida&Artes/Pantallas.
A este texto llega el lector tras repasar un periódico trágicamente engordado a base de muertos. De las 17 páginas dedicadas a la “Catástrofe aérea en Madrid” una anécdota, la que cierra la doble dedicada a los retrasos motivados por el accidente, contiene una respuesta de lógica aplastante a cualquier miseria periodística: “Stephanie debía volar hacia Londres para tomar un avión de vuelta a Estados Unidos, su país de origen. Tras un par de minutos de tensión con una trabajadora de Iberia, la empleada le explica: «Tu vuelo no es una prioridad. Acaban de morir muchas personas».” (leer)
La reflexión de Enric González no defiende, pero justifica, reparte responsabilidades y describe una realidad. Pero estas catástrofes que ponen en evidencia las miserias del periodismo de las que habla el señor González también son relatadas por periodistas que sí parecen considerarlas ilegítimas y evitables ofreciendo una información veraz y rigurosa, sin amarillismos. El mismo Enric González es un ejemplo de este empeño por el periodismo de calidad. La información no debe escamotearse, es lícita la investigación de las causas y el análisis del accidente. Pero el vergonzoso concurso por apuntarte la cifra más alta de muertos en tu edición o las imágenes más cruentas para tu público, las fuentes vagas y la deshumanización para escarbar primero y sin compasión en las “historias humanas”… es sólo negocio. En el centro de la tragedia, su trabajo no es una prioridad, ha muerto mucha gente. Su entradilla, su primicia, su conexión en directo, no son una prioridad.
antes en: ¡No me aguanto más!
A este texto llega el lector tras repasar un periódico trágicamente engordado a base de muertos. De las 17 páginas dedicadas a la “Catástrofe aérea en Madrid” una anécdota, la que cierra la doble dedicada a los retrasos motivados por el accidente, contiene una respuesta de lógica aplastante a cualquier miseria periodística: “Stephanie debía volar hacia Londres para tomar un avión de vuelta a Estados Unidos, su país de origen. Tras un par de minutos de tensión con una trabajadora de Iberia, la empleada le explica: «Tu vuelo no es una prioridad. Acaban de morir muchas personas».” (leer)
La reflexión de Enric González no defiende, pero justifica, reparte responsabilidades y describe una realidad. Pero estas catástrofes que ponen en evidencia las miserias del periodismo de las que habla el señor González también son relatadas por periodistas que sí parecen considerarlas ilegítimas y evitables ofreciendo una información veraz y rigurosa, sin amarillismos. El mismo Enric González es un ejemplo de este empeño por el periodismo de calidad. La información no debe escamotearse, es lícita la investigación de las causas y el análisis del accidente. Pero el vergonzoso concurso por apuntarte la cifra más alta de muertos en tu edición o las imágenes más cruentas para tu público, las fuentes vagas y la deshumanización para escarbar primero y sin compasión en las “historias humanas”… es sólo negocio. En el centro de la tragedia, su trabajo no es una prioridad, ha muerto mucha gente. Su entradilla, su primicia, su conexión en directo, no son una prioridad.
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