martes, 27 de abril de 2010

Una edad

36 años. Ni tan joven ya,
ni todavía viejo. Una edad rara
–dicen–, seria; una edad gris.
No lo sé. Suficiente, eso sí,
para que a veces sientas
que los mejores días han volado.
Y, lo que es peor aún,
que no fueron tan buenos.
Seguro que esta historia te suena, Karmelo C. Iribarren

No hay comentarios: