F. Pessoa (Álvaro de Campos)
Hay quien apuesta desde la infancia por una vida, con el punto de mira siempre brillante y el siguiente paso previsto en coordenadas exactas. Y funciona, o no. Pero hay quien no sabe conformarse con lo que tiene. Y resistirse a la resignación puede llevarte a la temporalidad. Ahora todo el mundo tiene miedo de la temporalidad ¡Qué miedo! ¿Cómo se llega a la estabilidad? La gente lucha por alcanzar la felicidad de la monotonía, por mantener en un estricto orden su vida, que siempre es cotidiana, claro. Pero lo más fácil, y de eso sé un rato, es dejarse llevar. Seguir, sin perseguir nada, el camino que sale a tu encuentro. Sin objetivos no hay frustración. La casualidad coincide siempre con el destino marcado, el más difícil de sortear. Después hay que rezar para que no aparezca la decepción, la necesidad de ser dueño de tu vida de mierda, la lucidez. Porque entonces, cuando te das cuenta de tu ineptitud para la resignación, lo dejas todo para vivir sin rumbo. Como siempre.
Suerte
antes en ¡No me aguanto más!

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